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Andimat reclama que la reforma del certificado energético ponga el foco en confort, demanda energética y claridad para el ciudadano.
Andimat ha trasladado al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico la necesidad de que la normativa del Certificado de Eficiencia Energética de los Edificios (CEE), actualmente en revisión, se centre en el confort real de las viviendas, la reducción efectiva de la demanda energética y la claridad y fiabilidad de la información que recibe el ciudadano.
La reforma del CEE busca alinearse con la nueva Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios, reforzando el papel del certificado como herramienta estratégica para impulsar la rehabilitación energética, mejorar la transparencia del mercado inmobiliario y facilitar decisiones informadas en la compra y alquiler de viviendas. En España, el reto es especialmente relevante: según datos del Idae, más del 80% del parque edificado cuenta con una calificación energética E, F o G, asociada a altos consumos, mayores emisiones y facturas energéticas crecientes.
En este contexto, Andimat considera imprescindible que el certificado evolucione para reflejar mejor la realidad energética de los edificios y sea comprensible para los usuarios finales. La asociación propone otorgar mayor protagonismo a la demanda energética, la energía que necesita un edificio para mantener condiciones adecuadas de confort, frente a indicadores más abstractos como el consumo de energía primaria no renovable o las emisiones de CO₂, menos intuitivos para el ciudadano. “Antes de cambiar equipos, hay que reducir lo que el edificio necesita consumir; la eficiencia empieza por la envolvente”, subraya Luis Mateo, director general de Andimat.
Uno de los ejes de la propuesta es la incorporación de un indicador de confort pasivo en el certificado energético. Este indicador permitiría evaluar de forma sencilla hasta qué punto una vivienda mantiene temperaturas adecuadas en invierno y verano gracias a su diseño y a la calidad de la envolvente, aislamiento en fachadas y cubiertas, reduciendo la necesidad de calefacción o refrigeración.
“El confort pasivo no es un concepto técnico, es algo que todos entendemos: menos frío en invierno, menos calor en verano y menor consumo energético. Si eso se visualiza en el certificado, el mensaje llega”, explica Mateo. “Un edificio eficiente no es solo el que emite menos, sino el que necesita menos energía para ser habitable y saludable. Visualizar este aspecto ayudaría a priorizar soluciones pasivas, más duraderas y sostenibles”, añade. Estas actuaciones sobre la envolvente son inversiones con vida útil de décadas y aportan mejoras de confort desde el primer día.
Andimat propone que este indicador sea visual e intuitivo, por ejemplo mediante escalas de colores, para que cualquier persona identifique el nivel de confort sin conocimientos técnicos. Asimismo, considera adecuado que nuevos indicadores europeos, como el Potencial de Calentamiento Global, se integren en el informe técnico detallado, pero no saturen el documento principal que recibe el ciudadano. “El certificado debe ser una herramienta de concienciación y apoyo a la decisión, no un documento difícil de interpretar”, apunta Mateo.
La asociación insiste también en reforzar los mecanismos de control y verificación del CEE. Dado su papel creciente para ayudas públicas, financiación, CAEs, deducciones fiscales en IRPF y cumplimiento de requisitos europeos, Andimat reclama más inspecciones, controles estadísticos y un régimen sancionador eficaz que garantice la veracidad de la información y evite el fraude.
Para ello, señalan, es necesario contar con técnicos cualificados y sistemas de control independientes que refuercen la credibilidad del certificado, elemento clave para la futura base de datos nacional de edificios. Además, la asociación pide acompañar la reforma con campañas informativas periódicas que ayuden a la ciudadanía a entender el certificado, su relación con el confort y el gasto energético, y las ventajas de invertir en eficiencia energética.