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La gestión del agua en edificios públicos evoluciona hacia modelos más eficientes, higiénicos y sostenibles, impulsados por normativa y nuevas tecnologías.
La gestión del agua en edificios públicos ha dejado de apoyarse únicamente en criterios funcionales básicos, como garantizar el suministro o cumplir la normativa mínima. En la actualidad, espacios de alta afluencia (hospitales, aeropuertos, centros educativos o instalaciones deportivas) operan en un contexto donde la eficiencia hídrica, la higiene, la salubridad del agua y la sostenibilidad se han convertido en requisitos estructurales.
Este cambio responde, en gran medida, a una creciente presión normativa. El Código Técnico de la Edificación, las directivas europeas de uso eficiente del agua, las certificaciones ambientales y las ordenanzas municipales exigen reducciones de consumo sin comprometer la funcionalidad ni el confort. A ello se suma una mayor sensibilidad social frente al desperdicio de recursos, especialmente en edificios de uso intensivo.
Desde la pandemia de la COVID-19, la higiene ha adquirido además un protagonismo incuestionable. Minimizar el contacto con superficies, controlar la proliferación bacteriana y garantizar la calidad del agua en instalaciones con usos irregulares se ha convertido en una prioridad para administraciones, prescriptores e instaladores, que demandan soluciones fiables, duraderas y técnicamente contrastadas.
En este escenario, la grifería y los sistemas de control de agua han pasado de ser elementos pasivos a herramientas activas de gestión. Conscientes de esta evolución, desde Presto Ibérica se han desarrollado tecnologías orientadas a integrar eficiencia, higiene y sostenibilidad desde la fase de diseño.
La optimización comienza por el control. El control inteligente del caudal permite ajustar con precisión el volumen de agua utilizado en cada punto de consumo, independientemente de las variaciones de presión o del comportamiento del usuario. Soluciones como limitadores dinámicos, reguladores de caudal y sistemas de compensación de presión garantizan un flujo constante y eficiente.
En edificios públicos, esta estabilidad se traduce en ahorros sostenidos, reducción de picos de consumo y menor carga sobre la instalación. Además, un caudal bien controlado mejora la experiencia de uso, reduce salpicaduras y simplifica el mantenimiento. La integración de estos sistemas en grifería técnica permite un funcionamiento autónomo, sin intervención del usuario, clave en entornos de uso intensivo.
Si el caudal determina cuánto se consume, la temporización define durante cuánto tiempo. El uso prolongado o involuntario de la grifería ha sido históricamente una de las principales fuentes de desperdicio en edificios públicos.
Las válvulas temporizadas han evolucionado desde soluciones mecánicas básicas hacia sistemas capaces de adaptar el tiempo de suministro al tipo de espacio, perfil de usuario o condiciones de uso. Ajustes precisos evitan consumos innecesarios sin generar incomodidad, algo especialmente relevante en centros educativos, instalaciones deportivas o aseos públicos de gran afluencia.
La activación sin contacto se ha consolidado como un estándar en espacios de alto tránsito. Los sensores electrónicos eliminan la necesidad de accionar manetas o pulsadores, reduciendo los puntos de contacto compartidos y el riesgo de transmisión cruzada.
La evolución tecnológica ha permitido mejorar la precisión de los sensores, minimizar activaciones indebidas y optimizar el consumo energético. Estas soluciones refuerzan simultáneamente la seguridad sanitaria y el ahorro de agua, con especial valor en edificios públicos.
Toda innovación pierde eficacia sin materiales adecuados. En la gestión del agua, la elección de materiales certificados, resistentes al uso intensivo y a limpiezas agresivas, es clave para garantizar salubridad y durabilidad. Aleaciones estables, tratamientos antibacterianos y superficies de fácil limpieza reducen la corrosión, las incrustaciones y la proliferación microbiana.
La normativa europea es cada vez más exigente con los materiales en contacto con agua potable, lo que impulsa soluciones orientadas a la estabilidad química y la longevidad, reduciendo intervenciones de mantenimiento.
La gestión del agua ya no puede abordarse de forma aislada. Forma parte de un ecosistema donde energía, materiales y recursos se integran bajo criterios de sostenibilidad. Normativas como el CTE y los estándares de eficiencia hídrica exigen soluciones que contribuyan a reducir el impacto ambiental del edificio.
La grifería eficiente, los sistemas de control y la digitalización del consumo son piezas clave en edificios inteligentes y smart cities, donde el agua se monitoriza y gestiona de forma proactiva.
La gestión del agua en edificios públicos atraviesa una transformación profunda. Estas cinco innovaciones no son tendencias aisladas, sino parte de una evolución coherente hacia instalaciones más eficientes, higiénicas y responsables. Integrar estas tecnologías desde una perspectiva técnica permite equilibrar ahorro de agua, seguridad sanitaria, durabilidad y sostenibilidad, respondiendo a las exigencias actuales y futuras de la edificación pública.