por Tecnoinstalación 8 de julio, 2026
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Las empresas refuerzan sus sistemas de aire acondicionado y mantenimiento para reducir consumo, cumplir normativa y sostener el confort térmico.

El aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de episodios de calor están obligando a las empresas a revisar la gestión de la climatización en oficinas y edificios corporativos, según afirman desde ISS. Mantener unas condiciones adecuadas de confort térmico, garantizar la calidad del aire interior y controlar el consumo energético se ha convertido en una prioridad operativa durante los meses de verano, especialmente en un contexto marcado por el endurecimiento de las condiciones climáticas y por las exigencias del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios, Rite.

Según la Agencia Estatal de Meteorología, Aemet, la temperatura media anual en España ha aumentado 1,69 ºC entre 1961 y 2024, y los diez años más cálidos registrados en el país pertenecen ya al siglo XXI. Este escenario está modificando la demanda de refrigeración en edificios terciarios: los periodos de calor intenso son más frecuentes, llegan antes y se prolongan durante más tiempo, lo que obliga a adaptar las instalaciones para mantener unas condiciones estables de trabajo durante más días al año.

Más refrigeración, pero con menor consumo energético

La respuesta del mercado pasa por la modernización de sistemas y por la incorporación de equipos de climatización más eficientes, capaces de ofrecer mayor rendimiento con un menor gasto energético. En paralelo, la gestión del confort térmico ya no se limita a enfriar espacios, sino que se integra en una estrategia más amplia de eficiencia, control operativo y cumplimiento normativo.

En este contexto, el Rite actúa como marco de referencia para la gestión térmica de los edificios. Además de establecer parámetros vinculados al bienestar, la normativa incorpora exigencias relacionadas con la eficiencia energética, la regulación y control de las instalaciones, la calidad del aire interior y el mantenimiento periódico. Su aplicación, por tanto, no solo tiene una dimensión regulatoria, sino también técnica, al servir de guía para optimizar el funcionamiento de los sistemas y contener el consumo.

Uno de los aspectos con mayor impacto operativo es la temperatura de consigna. Diversas guías técnicas del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, Idae, y de la Asociación Técnica Española de Climatización y Refrigeración, Atecyr, subrayan que pequeñas reducciones en la consigna de refrigeración pueden traducirse en incrementos significativos del consumo eléctrico. Aunque el efecto depende de la tipología del edificio y del sistema instalado, el comportamiento es especialmente sensible en periodos de temperaturas exteriores elevadas, cuando aumenta la diferencia térmica entre interior y exterior y se incrementa la carga de los equipos.

Control inteligente y adaptación a la ocupación real del edificio

La necesidad de refrigeración coincide además con la presión de las organizaciones por reducir costes operativos y minimizar su impacto ambiental. Por ello, cada vez más inmuebles están incorporando sistemas de control inteligente, sensorización y soluciones capaces de ajustar automáticamente la temperatura en función de la ocupación, el uso real de los espacios y las condiciones ambientales.

Este tipo de herramientas permite afinar la operación del edificio y evitar sobreconsumos innecesarios, una cuestión especialmente relevante en oficinas con ocupaciones variables, espacios híbridos o edificios con horarios ampliados durante el verano. El objetivo ya no es solo garantizar confort, sino hacerlo con un modelo de gestión más preciso, flexible y alineado con los objetivos de eficiencia del activo.

El mantenimiento gana peso en la calidad ambiental y la continuidad operativa

Junto a la renovación tecnológica, el mantenimiento preventivo se consolida como un factor clave para sostener el confort térmico y la calidad ambiental en los espacios de trabajo. La revisión periódica de los sistemas de climatización, la limpieza de filtros, la inspección de conductos y la calibración de termostatos y sensores son actuaciones básicas para asegurar el correcto funcionamiento de las instalaciones y reducir la presencia de contaminantes y alérgenos en el aire.

La importancia de estas tareas aumenta en un escenario en el que el calor no solo incrementa la demanda de refrigeración, sino que también puede deteriorar la calidad del aire interior, favorecer la formación de contaminantes como el ozono troposférico y elevar la concentración o estacionalidad de alérgenos como el polen. Desde la óptica de la salud laboral, mantener una ventilación adecuada y controlar estos parámetros resulta especialmente relevante durante las olas de calor, cuando aumentan los riesgos asociados al estrés térmico y a la fatiga.

Del mantenimiento preventivo al modelo predictivo

La evolución del sector apunta además a modelos de mantenimiento predictivo apoyados en sensorización e IoT. Estos sistemas permiten monitorizar de forma continua variables como la temperatura, el consumo energético, la calidad del aire o el rendimiento de los equipos, facilitando la detección temprana de desviaciones, la optimización de la operación y la reducción de paradas no planificadas en momentos críticos.

Para el ámbito del facility management, esta transición implica un cambio de enfoque: la climatización deja de entenderse como un servicio reactivo y estacional para convertirse en un área estratégica vinculada a la salud de los ocupantes, la eficiencia del edificio y la resiliencia operativa frente a veranos cada vez más largos y exigentes.

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